Sobre el otoño de 1944, después de que el Tercer Reich hubiese cosechado un desastre militar tras otro estando a la defensiva tanto en el Frente Oriental como en el Frente Occidental, Adolf Hitler llegó a la conclusión de que había que pasar al ataque a gran escala para cambiar el curso de la contienda. El golpe decisivo tenía que ser sin duda el Frente Occidental: una ruptura estratégica de las fuerzas aliadas en aquel escenario cambiaría de manera irremediable los acontecimientos, siendo el lugar elegido para ello un área en torno a Bélgica y Luxemburgo conocida como las Ardenas. La Batalla de las Ardenas fue el enfrentamiento más gigantesco del Frente Occidental durante la Segunda Guerra Mundial.