En 1963, Jacques Derrida consagra dos cursos a Husserl en el marco de su docencia en la Sorbona: «Fenomenología, teleología, teología: el Dios de Husserl» y «La quinta meditación cartesiana de Husserl». Cada uno de estos textos, cuidadosamente elaborado, posee la extensión de un curso de filosofía completo y está desarrollado con una claridad y una maestría singulares, pero, sobre todo, con la amplitud propia de una auténtica investigación. Derrida no se limita en ellos a exponer los principios fundamentales de la fenomenología husserliana, sino que se interroga sobre dos casos límite ùDios y el otroù que ponen en tensión este enfoque. Si la fenomenología constituye un «retorno a las cosas mismas» y solo autoriza a hablar de aquello que se presenta a la conciencia, no resulta evidente cómo podría dar cuenta de algo como un alter ego o de Dios.El examen de estas dos cuestiones permite a Derrida poner a prueba las capacidades del método fenomenológico, subrayar su fuerza y mostrar hasta dónde puede llegar. Al mismo tiempo, abre la posibilidad de destacar la importancia de nuestra relación con el