Tenemos un minuto para todos y dos para nadie. Llegamos a la oficina un lunes, abrimos el correo y un alud de obligaciones nos reclama con urgencia. Fecha de entrega, «para ayer». Pese a que intentamos seguir el ritmo, pese a que intentamos ser «cada día mejores», vivimos esta agitación constante con gran insatisfacción, y el exceso de estímulos nos lleva, paradójicamente, a una suerte de bloqueo: al «no puedo más» y al «no me da la vida».
Para Lluís Aguiló, la hiperaceleración que vivimos, inmersos en un ritmo digital que no descansa, nos lleva con frecuencia a una congelación de los afectos que nos impide pensar, sentir e imaginar futuros diferentes a un presente que no logramos comprender. Ayudándose de fuentes que van desde Mark Fisher y Oliver Sacks al influencer Llados, Aguiló traza un agudo diagnóstico de la que acaso sea la principal patología de nuestros días: la parálisis por agitación.