Una de las cosas más sorprendentes de la meditación es que es extraordinariamente sencilla de entender. Y, sin embargo, a mucha gente le resulta difícil apreciar su absoluta simplicidad. Este es el camino de la meditación: toma tu palabra, tu mantra, y recítala continuamente. Por muy sosegado que te encuentres, recítala. Por muy difícil que resulte pronunciarla, recítala. Por mucho que estés obteniendo de ella, por poco que estés obteniendo de ella, recita tu palabra. Si eres capaz de entender esto, serás capaz de entender prácticamente todo lo que hay que entender de la doctrina básica: decir el mantra desde el principio hasta el final.