Este libro ofrece una inmersión profunda en el cristianismo primitivo, utilizando los nombres originales de sus protagonistas (Jehoshua, Kephas, Shaul) para devolverlos a su contexto vital judío del siglo I. La obra explora la figura de Shaul de Tarso (Pablo), un fariseo y ciudadano romano que tuvo el privilegio de ser iniciado en una doble cultura: el helenismo y el judaísmo, y cuya misión principal fue derribar las barreras entre judíos y goyim (gentiles). Estas páginas buscan comprender al viajero incansable que, junto con Pedro, sentó las bases de la Iglesia en los inicios de la religión que cambiaría el destino de los pueblos y las culturas.
Frédéric Manns sitúa la teología de Shaul dentro de las corrientes judeocristianas, enfatizando las tensiones dialécticas de la época, y reevalúa los Hechos de los apóstoles como fuente auténtica de su vida. El genio de Shaul residió en su capacidad de inculturar el mensaje cristiano en el mundo pagano, un punto de inflexión decisivo para la cultura occidental.