La Iglesia considera la reunión, en el año 325, de varios cientos de obispos en Nicea, hoy Iznik (Turquía), como el primero de los «concilios ecuménicos». La exposición sobre la fe que se redactó en esa ocasión o, más exactamente, el resultado de una serie de revisiones de esa exposición finalmente aprobada por el Concilio de Calcedonia en el 451, es reconocida como símbolo de fe por todas las confesiones históricas, ya que fue promulgada antes de las divisiones que sufriría el cristianismo a partir del tercer concilio ecuménico, el de Éfeso, en el 431. El presente libro cuenta la controversia teológica que desembocó en la convocación de este primer concilio y analiza los desafíos que estuvieron en juego, desde la cuestión de la naturaleza del Hijo de Dios hasta la jerarquía de poderes en la Iglesia.