La ética es la vida. Dicho de otro modo, la vida es el nicho
en el que se expresa y se extiende la ética. En el plano
humano, no se pueden comprender la una sin la otra, dado
que se solapan hasta el punto de convertirse en
indistinguibles. Cualquier conducta, cualquier intención,
cualquier decisión están siempre enmarcadas en la
búsqueda general de sentido que nos caracteriza y nos
hace únicos. Es comprensible, por tanto, que incluso en las
circunstancias más corrientes se adviertan, de fondo, las
cuestiones básicas, aunque sea en un formato
aparentemente trivial. De ahí la importancia de la
educación ética, y de ahí también la importancia de
entender la praxis cotidiana desde un marco que la supera
pero que a la vez la fundamenta.