RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, CRISTÓBAL
Con esta publicación se busca dar visibilidad a la presencia y la legitimidad de la experiencia espiritual de los cristianos LGBT y sus familias para dar respuestas inculturadas. Este ejercicio de justicia brota de la experiencia de la indignidad ética de constatar una exclusión real y una inserción débil en la comunión eclesial. Partiendo del capítulo VIII de Amoris laetitia, y de la mano de la espiritualidad ignaciana, se quieren dar pistas para el discernimiento personal y el acompañamiento espiritual (personal y comunitario) de las personas LGBT. En esta obra Cristóbal Rodríguez hace un recorrido exhaustivo de las causas, consecuencias y salidas hacia una pastoral que apuesta por la persona, en toda su realidad humano-cristiana, e insiste en que las respuestas de integración deben darse desde los lugares y situaciones concretas con hechos que muestren una acogida inclusiva. Esto significará que la comunidad eclesial, en una respuesta creyente de inclusión y comunión, acepta la diversidad como un auténtico don de Dios, regalo para su Iglesia y para el mundo.
Es decepcionante y realmente confuso que una persona con tantos años de formación, como este sacerdote, y una librería que dice ser católica, traten un tema tan vital e importante en estos tiempos que corren desde una perspectiva tan perezosa y llena de clichés. Da la sensación de que no hay un interés real por el alma de las personas, sino que buscan simplemente el aplauso fácil o intentar llenar su cuenta bancaria subiéndose al carro de la ideología de moda.
Es una obra que nace muerta por su propia hipocresía. No se puede ostentar el título de presbítero y, al mismo tiempo, pretender desmantelar los pilares de la institución que representas sin el más mínimo rigor teológico. Eso no es valentía, es oportunismo puro. El autor evita los puntos de conflicto real y se refugia en un sentimentalismo barato que no ayuda a nadie: ni ofrece respuestas a los fieles que buscan una guía sólida, ni respeta la integridad del colectivo LGTBI al que, si verdaderamente quisiera ayudar, no utilizaría como un mero objeto de marketing para parecer "progresista".
Si el autor verdaderamente cree en las tesis que plantea, entonces sus años de formación han sido en vano; es un fracaso intelectual y espiritual absoluto. Ojalá el Señor le haga ver dónde reside la Verdad. La Iglesia no está anticuada, ni es retrógrada, simplemente custodia una realidad que este libro pisotea por pura vanidad. No podemos permitir (va por la librería San Pablo) que el diablo venza el combate desde dentro usando a sus propios ministros como herramientas de confusión.
Este no es un libro pastoral en sentido católico, sino una reinterpretación ideológica del cristianismo desde categorías ajenas a la fe. Bajo un lenguaje piadoso y afectivo, sustituye la antropología revelada —en la que la identidad es recibida y la sexualidad tiene un significado objetivo— por una lógica de autoafirmación subjetiva. La apelación selectiva a Amoris laetitia sirve aquí para legitimar lo que el Magisterio nunca ha legitimado: la normalización moral de realidades que la Iglesia distingue claramente entre dignidad personal y valoración de los actos. Presentar la “inclusión” como criterio hermenéutico superior a la verdad revelada no es desarrollo doctrinal, sino ruptura. Que una editorial católica avale esta confusión no amplía la pastoral: la vacía de contenido cristiano.
Quiten esta basura de aqui. A quien se le ocurre vender esto en esta libreria. Degenerados
Es decepcionante y realmente confuso que una persona con tantos años de formación, como este sacerdote, y una librería que dice ser católica, traten un tema tan vital e importante en estos tiempos que corren desde una perspectiva tan perezosa y llena de clichés. Da la sensación de que no hay un interés real por el alma de las personas, sino que buscan simplemente el aplauso fácil o intentar llenar su cuenta bancaria subiéndose al carro de la ideología de moda.
Es una obra que nace muerta por su propia hipocresía. No se puede ostentar el título de presbítero y, al mismo tiempo, pretender desmantelar los pilares de la institución que representas sin el más mínimo rigor teológico. Eso no es valentía, es oportunismo puro. El autor evita los puntos de conflicto real y se refugia en un sentimentalismo barato que no ayuda a nadie: ni ofrece respuestas a los fieles que buscan una guía sólida, ni respeta la integridad del colectivo LGTBI al que, si verdaderamente quisiera ayudar, no utilizaría como un mero objeto de marketing para parecer "progresista".
Si el autor verdaderamente cree en las tesis que plantea, entonces sus años de formación han sido en vano; es un fracaso intelectual y espiritual absoluto. Ojalá el Señor le haga ver dónde reside la Verdad. La Iglesia no está anticuada, ni es retrógrada, simplemente custodia una realidad que este libro pisotea por pura vanidad. No podemos permitir (va por la librería San Pablo) que el diablo venza el combate desde dentro usando a sus propios ministros como herramientas de confusión.
Este no es un libro pastoral en sentido católico, sino una reinterpretación ideológica del cristianismo desde categorías ajenas a la fe. Bajo un lenguaje piadoso y afectivo, sustituye la antropología revelada —en la que la identidad es recibida y la sexualidad tiene un significado objetivo— por una lógica de autoafirmación subjetiva. La apelación selectiva a Amoris laetitia sirve aquí para legitimar lo que el Magisterio nunca ha legitimado: la normalización moral de realidades que la Iglesia distingue claramente entre dignidad personal y valoración de los actos. Presentar la “inclusión” como criterio hermenéutico superior a la verdad revelada no es desarrollo doctrinal, sino ruptura. Que una editorial católica avale esta confusión no amplía la pastoral: la vacía de contenido cristiano.
Quiten esta basura de aqui. A quien se le ocurre vender esto en esta libreria. Degenerados