Es frecuente pensar que la sexualidad es lo más animal que
hay en nosotros: un impulso primario que debe ser reprimido o, por
el contrario, liberado sin medida.
Higinio Marín nos conduce en estas páginas por una reflexión sobre
el deseo, la desnudez y la intimidad. La piel aparece aquí no como
una simple superficie, sino como el lugar donde la persona se hace
presente, vulnerable y accesible; donde el tacto puede convertirse
en caricia, y la caricia en una forma muda de decir: «no estás solo».
Este libro es una invitación a redescubrir la sexualidad no como
mera fisiología, ni siquiera como simple procreación, sino como un
misterio de presencia, libertad y donación. Una mirada filosófica y
cristiana sobre el cuerpo humano como promesa de compañía,
como intimidad ofrecida y como anuncio de una plenitud mayor.