He venido a matarte, Dom Hélder. Así saludó un sicario al arzobispo de Olinda y Recife una madrugada de 1968. Minutos después, el arma cayó al suelo y el asesino lloraba de rodillas.
Esa escena resume una vida entera: la de un obispo menudo que desafió a generales, denunció torturas y predicó la revolución del amor cuando todo empujaba a ...