En una isla olvidada, que antaño prosperó debido a la industria pesquera y que hoy se hunde en la decadencia, solo permanecen libres dos mujeres buceadoras, a las que una de las hijas trata de llevar a tierra firme. Ellas, sin embargo, se sumergen a diario para ganar su sustento. Y?jy?, situada en el extremo del mar de Japón, cerca de las fronteras con Corea y China, recibe a veces barcos extranjeros y sufre un clima cada vez más hostil, agravado por los efectos del cambio climático. Aun así, las ancianas, de 92 y 88 años, se niegan a abandonar el islote remoto donde nacieron y donde sus hombres murieron tragados por las olas, cuyas almas perviven en la naturaleza, en cormoranes y otros animales que lo permean todo.Llevan una vida sencilla, sostenida por una vida de fortaleza silenciosa. Por la mañana trabajan los cultivos del acantilado, y el resto del tiempo alternan el buceo, los rituales y bailes ancestrales, como si obedecieran los susurros del mundo en el que habitan, tratando de liberar sus almas, mientras sus vidas transcurren alejadas del resto del mundo, entre los bell