Las dos vestían de rojo, pero no había en el mundo dos mujeres más distintas que ellas dos. Y es que la noche en que se conocieron en la recepción de una embajada nada podía hacer pensar que Marta y Reyes acabarían siendo amigas por lo distintas que eran. Pero, contra todo pronóstico, empezaron a reunirse el tercer jueves de todos los meses en el Ritz y, entre divertidísimas charlas, discusiones, confesiones.