Ha desaparecido de las conversaciones, de las preocupaciones. Dios yace enterrado lejos de nuestros intereses y vivencias.
La finalidad de los ejercicios espirituales es desenterrarlo, hacer que nos demos cuenta de que está dentro de nosotros, como olvidado, deseando salir. San Francisco es un maestro en este arte, también san Ignacio y tantos otros que nos acompañan en el camino.
No consiste solo en un ejercicio intelectual sino en el intento de despertar a la experiencia cristiana, despertar la fe que anida ador mecida en los corazones. El acompañamiento espiritual es el corazón de la obra, tanto en el tú a tú como en el acompañamiento de grupos de fe.