AA.VV
La vitalidad de una comunidad cristiana no se
mide por la elocuencia de sus discursos ni por la
belleza arquitectónica de sus templos, sino por
la generosidad, a menudo silenciosa y constante, con la que sus miembros cuidan de ella.
El sostenimiento de la Iglesia no es una mera
cuestión de balances contables, sino un termómetro preciso de nuestra comunión eclesial. Cuando un bautizado descubre que todo
lo que es y todo lo que tiene su tiempo, sus
talentos, sus recursos económicos es un don
inmerecido de Dios, la corresponsabilidad no
surge como una obligación pesada e impuesta,
ni como el pago de una cuota, sino como la respuesta libre, agradecida y gozosa de quien se
sabe parte de una familia. Ese es el verdadero
«discípulo agradecido» que necesitamos promover.
Este libro, que recoge las III Jornadas de
trabajo con las Comisiones diocesanas para el
Sostenimiento de la Iglesia, pretende ser luz e
inspiración en este camino compartido.