La liturgia se presenta como un recordatorio de la Presencia continua de Dios, de su llamada incansable a que nos unamos a Él para construir su Reino ya, aquí ahora. Ahora bien, además de los comentarios y las explicaciones a los que estamos acostumbrados, apoyados en una perspectiva dual que separa lo humano de lo sagrado, también cabe vislumbrar el mensaje de la Buena Noticia desde un lenguaje no dual que se basa en la asunción de la misma a partir del silencio y la escucha interna. El silencio y el autoconocimiento nos permitirán tomar conciencia de nuestro verdadero yo, ese que se hace presencia actual y que logra desprenderse de todas las máscaras de la vida cotidiana, en tanto que deja de estar centrado en sí mismo y encuentra su centro real en Dios, que se hace Presencia, Kairós, un Tú con el yo, que se funden en la unidad del ser.