En un época marcada por el edadismo y la sobrevaloración de la juventud y todos los valores y vicios que la enmarcan, una reflexión conjunta sobre las diferentes etapas de la vida y las virtudes que deben imperar en cada momento constituye una verdadera y refrescante novedad. Cirujeda reivindica la crucial importancia de vivir plenamente siempre, sin menospreciar la existencia de nadie, asumiendo todos los niveles de la persona, sobre todo el espiritual, que acostumbra a ser postergado. Contrariamente a lo que nos vende la publicidad de la sociedad actual, es posible sentirnos realizados y encontrar la felicidad en cada periodo vital, si sabemos situarnos correctamente en las circunstancias que nos rodean.