Entre los rasgos socioculturales que caracterizan nuestra época se identifican algunos que han dado lugar a una crisis del sujeto posmoderno por su desvinculación y desarraigo, el emotivismo, la bulimia desiderativa, la falta de interioridad y su concepción del trabajo como mero ejercicio de productividad.
Frente a esa crisis de sentido, el modelo antropológico de formación de la identidad propone una visión integral y comprensiva del hombre, a partir de su anhelo de plenitud, que mueve la libertad y se despliega a lo largo de toda su existencia. Esta narrativa amplía la concepción del tiempo: de mero recurso a ámbito de presencia.
El hombre habita el mundo desde su intimidad y busca armonizar sus dimensiones personales la condición relacional, la afectividad, la intimidad, el deseo, la memoria, la esperanza, el trabajo, la familia, la amistad y la sexualidad para que, como los instrumentos de una gran orquesta, interpreten bajo la dirección de la libertad la gran sinfonía de la transformación de su anhelo originario en vocación original.